Ya no tengo más promesas
que hacerme a mí mismo.
Llevamos, queramos o no,
el cuerpo y el alma, y aún paramos
para descansar un poco...
Por dádiva no por karma
Nos engañamos a nosotros mismos
con promesas
que más adelante
hay un paraíso perdido,
y caminamos por bien o expulsados
hasta el fin de la vida...
Las noticias del podio siempre listas,
señalan un futuro brillante,
los buenos, los mejores en el progreso...
pero de nosotros nadie recuerda... el llanto.
Ah, sí recuerda, somos la leña
que calienta el invierno...
la tierra marcha con su ejército
en ejercicio de guerra.
Marchamos con ella...
Nuestra salvación
y de nuestras generaciones,
los buenos políticos... y sus obras,
mucho más que los santos
nos traerían el milagro de la confianza
y la esperanza de la victoria en esta batalla
de cumplir el simple trabajo de nuestros días.
La política depende de habilidad
natural, del entrenamiento profesional
y de un gran ideal
y lo que está revelado en las entrañas de nuestro estado
es muy contrario a todo esto:
es la política al servicio de la vida personal de
nuestros ricos...
Sería grandemente gratificante
si ellos merecieran esa riqueza
por los servicios prestados...
que merecieran la riqueza
por el carácter, por sus luchas sociales,
por el bienestar al menos
de los miembros de su nación...
No se puede imaginar que solo los pobres,
los más miserables, tengan razón:
somos una nación,
y nuestro pueblo es esta composición
de gobernantes y gobernados...
y nos angustia todo bien tomado,
todo bien sacrificado,
en favor de una parte, de una minoría armada...
Sé hoy así como sabía antes,
que mi tontería llega a ser revoltante...
no sé opinar sobre políticos,
sobre política, solo puedo ser realmente
el ser más empírico que existe.
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