el instante
no hay atajos,
ni retazos,
en los cortes del destino.
en la madera bruta
la lucha refina
el sino y la resina.
En la arena la cena
de la luna llena aclara
los ojos de la sirena.
Su cola de pez
en un haz de agua
desagua la pena.
He aquí que el mar tiene sed,
sed de la tristeza de los hombres,
que navegan y desaparecen...
entre sus abismos.
Fervor y cuitas
de la conciencia envuelven
las olas...que sondean
con paciencia los pasos...
que vuelan.
los pájaros de otros tiempos
que vuelan, rondan...
los misterios del amor sumergido
en los versos diversos
que se invierten
en la conversación de los enamorados.
El mar abre los brazos
y devora a sus locos
de amor...llora lluvia
en su piel,
brotan nubes en los sueños
y los hace poetas por la vida,
como si no hubiera nada más
que hacer además de ser
solos y tristes.
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